Nunca le he dado importancia a la edad.
Puede que nacer en diciembre siempre me haya situado como la más pequeña de mis amigas y tal vez por ello, cuando cumplía años, ya lo tenía asumido.
Pasados los 30, después de dos niños y de convertirme en autónoma, pasé por una época cuyas fotos prefiero ni ver; sin embargo, a los 43, estuve más en forma, más sana y más guapa que nunca. De los 43 a los 46, terminé 8 medias maratones, casi una carrera de 10k cada semana y entrené y comí más o menos bien; fue un hábito que me hizo verme mejor que nunca.
La pandemia volvió a hacer estragos y, desde entonces, me mantuvo en un término medio. Subidas y bajadas de peso, entrenamientos, montañas de trabajo que me obligaban a pasar muchas horas sentada y una búsqueda constante de volver a encontrarme, sentirme y verme bien, como cualquier mujer.
Hace tres meses cumplí 50. Llevo tres meses diciendo 49+1 porque, por primera vez en mi vida, decir la edad me aterra. Y no. La edad no es sólo un número. Bueno, sí. Hasta que cumples 50.
Hasta la fecha no me he enfrentado a la temida menopausia, pero admito que las hormonas empiezan a hacer alguna jugarreta. Perder peso no es tan fácil como antes, y el estrés, la falta de descanso y otras cosas de las que me recuperaba milagrosamente a la mañana siguiente me hacen parecer un gremlin hasta que me tomo el primer café.
Pero veamos las cosas que ya he aprendido en apenas 3 meses con esta edad que no me representa:
El cuidado de la piel te importa más que nunca.
Yo siempre he tenido la piel seca, pero ahora, hidratarse ya es una necesidad absoluta. El maquillaje se agrieta y parece que tienes más arrugas.
De hecho, mi hermana me dijo hace poco que sin base de maquillaje parecía más joven. Así que intenté reducirla o incluso no llevarla.
Pero ¿cuál es el problema? Que, para no llevar base de maquillaje, tienes que lucir una piel mucho más perfecta. Os hablaré de este punto, sobre todo de las manchas, en el próximo post.
Te vuelves a fijar en las BB Creams que en su día te parecían que no eran para ti porque no cubrían lo suficiente. Ahora sí.
Hidratas, hidratas e hidratas la piel como si no hubiera un mañana.
Yo llevo meses utilizando las cremas de Le Domaine de las que también os contaré pronto. Yo solía saltarme el sérum, por ejemplo, pero ahora no lo perdono y me obsesiona mezclar el maquillaje con todo tipo de productos hidratantes…
La limpieza de la piel por la mañana, un paso que yo me saltaba porque desmaquillaba muy bien por la noche, de repente se vuelve imprescindible. La piel es como ese motor que no arranca hasta que le das cuatro golpecitos… no reacciona. Así que en mi ducha tengo un desmaquillante (también de Le Domaine) que combino con el de la noche (desmaquillante de ojos de Mercadona y la Carrot Butter, el mismo que volvió loca a Gwyneth Paltrow).
Pero si hay algo que cambia RADICALMENTE al cumplir 50, es la obsesión por la protección solar.
No es que no la utilizara siempre, pero no nos engañemos: ese ratín en que sale al sol en invierno, ese paseo en otoño, hacían que no pasara nada. Todas sabemos que el sol favorece si lo tomas con moderación… ¡ajá!, hasta que llegan los 50.
Entonces el sol pasa a ser el enemigo número uno para tener buena piel.
Te descubres llevando muestras de protección solar en el coche y en el bolso, y no sales de casa sin ella.
Yo utilizo las gotas con SPF de Collistar porque, además de no ser grasas, me sirven como prebase de maquillaje o incluso me ayudan a ver la piel más uniforme sin ellas.
Seguiré contándoos secretos para cuidar la piel (cuerpo, pelo, firmeza…) en esta edad en la que parece más necesario que nunca… porque sí, a los 50 ya no sirve eso de dormir 8 horas, beber agua y usar un producto que sea eficaz a medias.